Alguna
vez en mis estudios de maestría tuve que sustentar sobre el núcleo filosófico de
la audición humana, el tema lo aborde desde varios marcos de aproximación filosófica,
entre ellas la de sostener la estructura bidimensional del Ser Humano, somos
seres únicos pero proyectados a los demás, nuestra existencia esta determinada
por la presencia y la acción sobre los demás, de ahí que la presencia de
Mounier con su máxima “la vida sin los otros es un imposible existencial” caló
muy fuerte en mi. Asi diferenciar entre ori y escuchar, la audición humana
tiene esos dos niveles uno vital que es el oír y otro trascendente que es el
escuchar.
En síntesis
uno para vivir necesita de un nivel de comunicación básico, para existir en
cambio necesita un sistema de comunicación complejo, este sistema de comunicación
complejo esta basado en la competencia que el hombre requiere para sus
relaciones humanas de escuchar al otro.
Es fácil
decir, porque lo natural es que uno exprese lo que sabe, lo que siente o requiere,
lo difícil es escuchar; uno necesita tener la mente suficientemente abierta
para aproximarse a entender lo que la otra persona requiere sin contaminarla a
priori con los prejuicios, juzgamientos o asentimientos rápidos.
Para
que exista un dialogo es necesario no solo saber decir las cosas sino también que
las entiendan y sobretodo saber escuchar, por eso en el arte de escuchar, se
escucha con todos los sentidos: es necesario ver la gestualidad, la temperatura
de la conversación, los movimientos de los ojos manos, el ambiente, la acentuación
tonal, saber escuchar lo que no se quiere decir, lo que esta entre líneas, etc.
(todo un arte)
Pero aun mas allá, a veces uno no se escucha ni a uno mismo, si no sé escucharme a mi mismo como voy a poder escuchar a los demás, si tengo conflictos conmigo mismo y mis diversas facetas se imponen y no dialogan, sino se escucha mi propia mente, entonces el dialogo seguirá siendo de sordos.
